CÓMO EMPECÉ A ESCRIBIR

En la adolescencia, haciendo una redacción para la clase de lengua y literatura, descubrí que la escritura te da un control absoluto sobre algo, aunque sean los protagonistas de una historia escrita en un papel, en una época y situación en la que tienes el control sobre muy pocas cosas. Y esa sensación, junto con la posibilidad de traer a la memoria o crear desde cero extraordinarios personajes y sucesos, fue lo que me empujó a dedicarme a esta vocación. Una vocación, que alguien definió bien como un «oficio suicida», al tiempo que, como todo arte, sirve de terapia y una suerte de exorcismo, una vez comprendes que no tenemos el control sobre prácticamente nada, ni siquiera, en muchos casos, nuestro cuerpo ni nuestra mente».